¿Quién está pagando el muro?

ARIZONA – Hay miles de militares estadounidenses en el mundo que contienen el aliento es espera de que llegue el sentido común a sus superiores, en especial al comandante en jefe: Trump. Tienen años pidiendo fondos para proyectos de los que depende su supervivencia y la de su familia, pero parecieran ser menos necesarios para la seguridad nacional que la construcción de un muro fronterizo con cimientos políticos. La declaración de emergencia por la “crisis” migratoria es más fuerte que su patriotismo.

Algunos de los 127 proyectos militares estaban a un paso de materializarse, pero se cancelaron de manera abrupta. ¿La razón? El Gobierno Federal  decidió destinar esos recursos para financiar el ambicioso proyecto de la barda con México. Es decir, los 3 mil 600 millones de dólares que se utilizarían para la infraestructura de las fuerzas armadas se usarán ahora para cumplir una promesa de –ahora- dos campañas presidenciales consecutivas.

Pero, la letanía del presidente Trump siempre ha sido “vamos a construir un muro y México pagará por él”. La primera parte la está cumpliendo, a pesar de la oposición política y del Congreso; la segunda… no, el cerco lo está pagando el estadounidense que se enlistó en las Fuerzas Armadas, las agencias de seguridad pública y el mismo pueblo.

La construcción ya empezó, en zonas donde no existía una barrera física y en otras donde el muro ha visto pasar generaciones; es decir, antes de que el republicano pisara siquiera la Casa Blanca, ya existían 654 millas de cerco, a las que se le suman 51 millas más de doble o triple barda. En el medio, la naturaleza con su desierto, montañas y ríos hace el trabajo duro.

Pero para una reelección, el muro actual no es suficiente. Hay que hacerlo más grande e impenetrable, ponerle dos o tres capas, atravesar zonas arqueológicas y pisotear naturaleza protegida. Así se hacen las cosas en esta administración; todo o nada. Faltan unas 500 millas, según sus cálculos. Esos miles de millones no alcanzarán, aun así, sentarán un presente antes de que se acabe su primer término en la Oficina Oval; quizá tenga un segundo. Entonces, quizá, el presidente Trump pueda terminarlo.

Mientras tanto, el presupuesto está más que estirado. La semana pasada, mientras el primer mandatario realizaba un visita al muro en San Diego, se cancelaba la prolongación de 20 millas de barda, principalmente en Arizona y California. No alcanza. Habrá que sacar el dinero de otro lado. ¿Qué más le estaría “sobrando” al Pentágono?, pensará… quizá.

Por lo pronto, la tierra se mueve y la valla se ensarta. La percepción de seguridad con el pueblo estadounidense se levanta con el muro, ¿o no? Tal vez lo único que crece con esta construcción es el capital político que se gasta en las urnas. Si logra perpetuarse en la Casa Blanca, ya pensará cómo pasarle la factura a México; en un segundo término promete la reivindicación con su pueblo. ¿Será?