Niños migrantes: La lucha por el sueño ajeno

El hijo de Fermina que falleció en el desierto de Arizona.
El hijo de Fermina que falleció en el desierto de Arizona.

Miles de menores cruzan solos la frontera en busca de un sueño que podría no ser el suyo sino el de sus padres.

Maritza Lizeth Félix

Fermina* se seca las lágrimas y agarra aire. Quiere explicar cómo fue que su hijo adolescente se perdió en el desierto, pero cada dos palabras se ahoga en llanto. En sus brazos tiene a un pequeño, el nuevo integrante de la familia, el que fue concebido para reemplazar a aquel del que nunca lograron despedirse. Lo ve con amor, pero dice: “no es la misma, no se parece a mi niño”. El pequeño no podrá borrar el recuerdo del joven de 13 años a quien parecía habérselo tragado la tierra hace unos tres años. “Yo le pido a Diosito que lo tenga con bien”, dijo. El guatemalteco cruzó por El Sásabe acompañado de su tía, pero ninguno de los dos terminó la travesía. La semana pasada, Fermina recibió la llamada que tanto temía: “Encontramos a su hijo Nelson Omar muerto”, dijeron. Ahora sabe dónde esta; ahora se consuela pensando que ya tendrá una tumba en donde llorar.

Juan A.* siente lo mismo que la guatemalteca, la diferencia es que al mexicano no lo atormentan los recuerdos sino la culpa. Asegura que ni con todo “un río de lágrimas podrá lavar su conciencia”. Hace tres años mandó traer a su niño, pero el “coyote” dijo que el menor de 4 años no aguantó el viaje. “No sé si se me murió mi niño, si se lo robaron, si lo vendieron, ni qué cosas tan abominables le hayan hecho”, expresó, compungido. No ha dejado de buscarlo. Su matrimonio no aguantó el peso de la incertidumbre y los remordimientos, por lo que tanto él sigue intentando encontrarlo –vivo o muerto- en los Estados Unidos, y su exesposa hace lo suyo en México. Apenas se hablan, no se pueden ver a los ojos: Solo los une el dolor.

La realidad

Cada año mueren más de 100 personas en Arizona intentando cruzar la frontera ilegalmente, incluyendo a menores de edad: El sueño americano para ellos  se ha convertido en un cementerio de ilusiones. Su travesía por una vida mejor se transforma en un pase directo a la vida eterna.

La Patrulla Fronteriza también detiene o rescata a más de 14 mil niños no acompañados en el desierto o los puertos de entrada a los Estados Unidos en cada periodo fiscal, la mayoría de ellos son reunificados con sus familias, pero un porcentaje queda en un limbo político, social y migratorio esperando que alguien los rescate, así lo explicó Andy Adame, portavoz de la Patrulla Fronteriza.

“Mucha gente los manda con los ‘coyotes’ sin entender que son malos, que nos les importa nadie, que los abandonan así en el desierto, que los violan, que los abusan o hacen cada cosa innombrable con ellos”, expresó el patrullero.

Diferentes naciones

El Consulado General de México informó que de los menores que buscan protección consular en Arizona, el 99 por ciento logra reunificarse con sus familias. Según la dependencia mexicana, tan solo en Phoenix cada año se atienden a 240 menores no acompañados que llegan a los albergues de la oficina de Reasentamiento de Refugiados de Estados Unidos; esos son los de nacionalidad comprobada, pero hay niños de otros países que se hacen pasar por mexicanos para ser deportados al vecino país sin saber que solo complican su situación.

Nelson, el hijo de Fermina, había comprado sus papeles de mexicano. Se había cambiado de nombre, dirección y borró su identidad, lo que entorpeció la identificación del cuerpo. El hijo de Juan traía el pasaporte en su mochila; pero tanto el niño como el documento tienen reporte de extravío.

Rescate

La migración de pequeños es uno de los problemas más graves del obsoleto sistema de inmigración de los Estados Unidos. Padres establecidos ya en la Unión Americana quieren reunificar a su familia a toda costa… muchos de ellos pagan el precio con la vida de sus hijos.

Los que logran cruzar no siempre llegan a su destino. Muchos se quedan en refugios temporales en lo que las autoridades encuentran a sus familias, uno de esos lugares es Catholic Charities Community Service, una organización sin fines de lucro que ayuda a encontrar hogares de crianza temporal para los menores sin acompañantes detenidos en la frontera.

Karen Resseguie, directora del programa de Catholic Charities, dijo que la organización cuando menos recibe un centenar de menores por año. Muchos de ellos cruzaron acompañados solo de un “coyote” que los abandonó o los entregó a las autoridades.

“Muchas veces los niños inmigrantes vienen por sí mismos cruzando la frontera, es decir que viene al país sin la presencia de un padre”, explicó la directora.

“Cuando un niño es agarrado por Inmigración, ellos nos llaman diciendo que tienen un niño en su custodia y nosotros lo aceptamos”, prosiguió.

El programa de menores no acompañados comenzó en 1984, primero con refugiados de África y Asia, después con pequeños mexicanos, centroamericanos y sudamericanos.

“Los niños normalmente vienen con alguna historia de trauma, aquí les damos hogar, una familia que los cuida, damos servicios de manejadores del caso, consejos, ayuda médica, educación, de todo”, indicó.

“Ellos necesitan esos cuidados porque vienen de sufrir abusos, maltrato, a veces sufren abuso sexual o cosas no mencionables”, agregó la directora.

Esas historias que muchos niños se callan son las que sanan a través del arte. En el programa les ofrecen clases para que saquen los sentimientos reprimidos, a través de la pintura o la escritura. Ellos dibujan sus casas, a sus padres y muchas veces a los agresores que les arrancaron su inocencia. Quizá en un periodo tan corto de tiempo no se puedan borrar los malos recuerdos, pero cuando menos dan el primer paso para recuperar lo que queda de su infancia.

Después de uno o varios meses, los pequeños son reunificados con la familia y entregados a sus tutores. En ese periodo de tiempo en el que están bajo la custodia de Catholic Charities, ellos conocen a padres temporales que les abren las puertas de sus casas y sus corazones. Uno de esos padres es Luis Alfonso Altamar Gaytán. El colombiano tiene más de 50 años y sus hijos ya no viven en casa. Ha recibido el segundo aire con los brazos abiertos para niños que vuelvan a llenar de carcajadas, juegos y travesuras su hogar.

“Este trabajo es de  compromiso, de corazón, de sentir que  uno puede ayudar, a dar algo más de su vida, y poder hacer una segunda familia y darles la oportunidad a esos niños”, mencionó Altamar. “Y a veces lo acogen a uno como un verdadero papá”, añadió.

Altamar indicó que hacen falta muchos padres latinos que quieran ayudar a cuidar a esos pequeños mientras regresan a sus casas. Para enlistarse en el programa, indicó, los interesados pueden llamar al (602) 944-1819.

Historia sin fin

Pero ni el hijo de Fermina ni el pequeño de Juan A. llegaron a las puertas de Catholic Charities. El primero no vivió para contarla, del segundo no se sabe nada. Esta es la realidad que se vive cada día en la frontera, donde niños pierden la inocencia a costa de su sueño o el de sus padres.

La propuesta de la reforma migratoria esboza una esperanza de reunificación familiar legal, pero mientras tanto se siguen levantando cruces en el desierto y se destruyen familias que lo único que deseaban era estar unidas.

Esta es la historia de cientos de menores que viajaban solos con una mochila repleta de anhelos, buscando un oasis para su soledad y luchando por eso que les han dicho sus padres que es una vida mejor.

*Los nombres de la nota son reales, solo se omitió el apellido para respetar la privacidad de los entrevistados.

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